Las unidades SSD son las niñas bonitas del segmento del
almacenamiento, pero siempre han tenido que reconocer una desventaja clara
frente a los discos duros de toda la vida: su pequeña capacidad de
almacenamiento. Eso podría cambiar tras la alianza firmada por Intel y Micron.
Dicho acuerdo está dirigido a un solo objetivo: lograr
unidades SSD de gran capacidad que puedan competir en ese apartado con los
discos duros. Intel ha anunciado que comenzará a ofrecer unidades SSD con
memorias NAND 3D en la segunda mitad de 2015 como parte de su colaboración con
Micron, y ese podría ser el punto de inflexión de este mercado.
Ese avance de Intel y Micron permitirá apilar 32 capas de
memoria NAND con 3 bits por celda lo que llevará a lograr 32 GB en un único
molde (die) MLC. La conjunción de varios de esos chips en unidades SSD normales
o en unidades con formato PCIe lograrán alcanzar capacidades de varios
terabytes.
Según Bob Crooke, máximo responsable del grupo de memorias
no volátiles en Intel, esta tecnología permitirá acceder a unidades SSD de 10
TB en los próximos dos años. De hecho, también permitirá ofrecer unidades mucho
más pequeñas y con más capacidad, por ejemplo pendrives de memoria con 1 TB de
capacidad de almacenamiento.
Una de las dudas que siguen presentes es la del precio que
tendrán esas futuras unidades. Crooke no quiso dar previsiones sobre esos
hipotéticos costes, pero lo que sí es cierto es que el coste del gigabyte en
unidades SSD ha seguido bajando de forma notable en los últimos años. Aún
siendo superior a la de los discos duros, la popularización y fabricación
masiva de este tipo de unidades podría abaratarlas de forma aún más notable.
Los discos SSD tienen varias ventajas. La más visible es que
carecen de partes móviles. Un disco duro convencional consta de varias partes
mecánicas, lo cual limita la velocidad de lectura y escritura de datos. Aunque
el rendimiento de una computadora está asociado a su procesador, en la
práctica, el disco duro interviene al crear una especie de embudo o “cuello de
botella”. Además, el desempeño puede variar por situaciones tan simples como la
posición del ordenador. Al carecer de partes móviles, el SSD supera esos
problemas.
A este tipo de discos hay que añadirles otro par de
características importantes: un consumo de energía menor, el cual se traduce en
mayor duración de la batería; y una mayor ligereza, que impacta en el peso de los
ordenadores. Precisamente, por estas razones es que Apple apostó por los SSD
cuando lanzó su MacBook Air -y ahora, la industria en general con las
ultrabooks-.
Si es una tecnología tan bondadosa, ¿por qué no había sido
implementada antes? La razón es el precio. Hasta hace un par de años, el costo
de un SSD era muy alto en comparación con un disco duro mecánico de la misma
capacidad. Sin embargo, los avances han provocado que su precio se reduzca
considerablemente. De hecho, se calcula que para finales de 2012, la relación
de costo sea de un gigabyte por dólar.
Las unidades SSD ha sido utilizadas con anterioridad en
otros dispositivos, como reproductores de MP3, consolas de videojuegos o
cámaras de fotografía -es más, es probable que usted tenga una-. Sin embargo,
es hasta ahora que los discos duros de estado sólido irrumpen en el mercado de
las computadoras. Al parecer, han llegado para quedarse, pues Kingston -uno de
los fabricantes de hardware más populares del mundo- señala que en menos de un
año será capaces de sustituir a los discos duros mecánicos.
Así que si tiene planeado adquirir una computadora en el
corto plazo, valdría la pena que examine si cuenta con esta característica. Es
muy cierto que contar con un SSD impacta positivamente en la velocidad de su
máquina. Si no le importa tanto la rapidez y lo que le interesa es tener un
buen respaldo, por ahora es mejor adquirir un disco duro mecánico de alta
capacidad. Lo que es innegable es que se aproxima la era de los discos de
estado sólido, para que lo tome en cuenta para sus futuras decisiones de
compra.


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