Investigadores de la Universidad de Columbia y Georgia Tech
han desarrollado un generador eléctrico de 5 x 10 micras (una micra es la
millonésima parte de un metro), el más delgado que se ha logrado hasta ahora.
Invisible para el ojo humano, el dispositivo genera
electricidad al doblarlo y desdoblarlo en un fenómeno conocido como
piezoelectricidad.
Demostrada en el siglo XIX por los hermanos franceses
Jacques y Pierre Curie, la piezoelectricidad es una propiedad de cristales como
el cuarzo que, al ser sometidos a una presión, generan electricidad. Pero que
durante los últimos años, los científicos la han buscado también en la escala
nanométrica.
Ahora todo parece indicar que los investigadores
estadounidenses han encontrado la piezoelectricidad en el disulfuro de
molibdeno (MoS2). En estado natural se presenta como molibdenita, un mineral
primo hermano del grafito. Pero, como le sucede a éste cuando se lo reduce a
dos dimensiones para convertirlo en grafeno, el MoS2 reserva otras propiedades.
Aunque, en su versión tridimensional, el disulfuro de molibdeno no es capaz de
generar electricidad por muy fuerte que se le golpee, reducido a una sóla
lámina de átomos de azufre y molibdeno, se convierte en todo un generador
eléctrico.
Los investigadores, con la ayuda de un láser, obtuvieron una
capa atómica del MoS2 y la colocaron sobre un material plástico (el PET de las
botellas de agua). A ambos extremos le colocaron dos contactos metálicos. Al
doblarlo, los átomos de los extremos presentaron polaridades opuestas,
generando una corriente eléctrica.
“Este material, con
sólo una capa de átomos, puede convertirse en un dispositivo para llevar
encima, quizá integrado en la ropa, para convertir la energía de los
movimientos de tu cuerpo en electricidad y alimentar sensores o dispositivos
médicos”, dice el profesor de ingeniería de la Universidad de Columbia, James
Hone.
Siendo un nanogenerador, sus prestaciones también son nano,
pues consiguieron una corriente con un voltaje de 18 milivoltios y una potencia
de 55,3 femtovatios (un fW es equivalente a la mil billonésima parte de un
vatio). No es mucho, pero el rendimiento se podría aumentar añadiendo más
láminas de MoS2 a la pila.
Los investigadores comprobaron algo que ya habían predicho:
la piezoelectricidad de este material a escala nano sólo se presenta cuando se
opera con números impares de capas. Si usaban dos, cuatro o seis láminas del
material, las polaridades se anulaban y cesaba la corriente.
Lo que también observaron los ingenieros es que la corriente
aumentaba según la presión que aplicasen sobre el material. El flujo entre los
dos extremos o polos oscilaba según se doblara o se desdoblara la lámina.
Además, el material se demostró muy resistente. Frente a otros materiales, como
las nanofibras de cerámica, que pierden capacidad piezoeléctrica con un estrés
mecánico continuado, el MoS2 mantenía sus prestaciones después de 300 minutos
de doblarlo y desdoblarlo.
“Se trata del primer trabajo experimental en este
campo y un ejemplo elegante de cómo el mundo se hace diferente cuando el tamaño
de los materiales se reduce a la escala de un simple átomo. Aún no hay una
aplicación concreta para el generador eléctrico más fino del mundo, pero las
posibilidades son muchas: biosensores, nanorobots o tejidos inteligentes,” .


0 comentarios:
Publicar un comentario